Poemas de O Resplandor, de Erín Moure

[Poemas de O Resplandor, de Erín Moure)

 

Evocación

 

Tan hermosa como la idea de un hombro,

la superficie de una taza que refleja una espalda,

la piedra espartana confiesa

tercamente desde el miembro muerto.

No era avena molida, esto respiraba.

Se frotó e imploró con las lágrimas del mar

estaba serrado y arenoso,

era una feliz levedad invitando al bárbaro extranjero.

 

Era hermoso como el hombro de un rebaño,

entre el pasto y los mosquitos,

entre la luz de agosto que dormía en abril

y, y, solo era la palma de la mano de ella.

 


 

Transporte geométrico

 

De cualquier manera que me quede quieta.

Soy el azar.

De cualquier manera soy un lago,

una catarata

penetrando un letal mortero,

penetrando el río pestilente,

penetrando la sequía de las estrellas,

penetrando la blanca y muerta incredulidad,

admitiendo la porfía.

Si fuera solo así de fácil. Sería un faro

en las pirámides.

 

Sería una pirámide

en dirección a las estrellas.

 

 

Autorretrato

 

Nunca fui tan alta como imaginaste.

El flujo de mi sangre

caía de una palabra.

 

 

Asombro personal

 

Es una orden elevada.

Una frambuesa se enamora de mi mano

también. Cierta sangre fluye hacia afuera

mientras que otra intenta contenerse.

 

 

Autodescripción

 

Nunca sentí todo visible.

Una mancha de sangre,

una cara, una palabra.

 

 

Retrato vanidoso

 

Un pájaro en el serbal el último invierno.

Bajé mis ojos

un momento, no era un animal.

El rojo apretón de las cerezas, y yo mirando,

mi piel reclinada fue hacia arriba.

No pude mirar a un pájaro.

 

 

 

Elegía inicial

 

III

No se trata del amor de nadie

sino que nadie ha penetrado todavía

el aire de cualquiera atreviéndose lo máximo posible

a encarar enteramente la posible belleza del aire.

 

La belleza del aire la corona, y yo he sido hecha para saber

esto, aunque es algo que raramente conozco,

a menos que…

 


IV

Aquí cuando duermo, la conjuro a ella.

 

Las totalidades pueden invertirse totalmente.

Hay regalos tan desnudos que no puedo oponerme a ellos,

su unión es tan salvaje que no me niegan:

 

Sentir pena en el No, mientras

se encara firme hacia adelante con un pie en el Sí.

Al lado de ella, encarando totalmente firme su totalidad,

el No y el Sí explotan en el aire.

 

Así que no duermo más aquí,

íntegra y pura con barbarie

en el rostro sin albergue aunque con un puerto.

 

Y cuán ciertamente lo bárbaro me puebla

en el gesto de su hombro. Seguramente tal como ella se desnuda

el gesto de su hombro.

 

Si Nietzsche no lo ha notado. Yo soy

la pena que encara el vacío.

 

Pero mejor será hacerse madura y dormir—

aquí, sí,

en la diversidad de los posibles aterrizajes, dormir—

mi rostro incipiente con el cine

y muy lejos de un film,

que nunca ha vestido un amanecer nietzscheano

y nunca ha querido más que ahora alcanzar la cola

de un cometa.

 

Soberano

 

Mi rostro es el trono de tu somnolencia

o tú que reinas

Mi palabra es el pan oscuro de tu ansiedad

o tú que reinas

Mis ojos te coronan donde tú

reinas

Tú haces mi sábado tu domingo

y oh…! tú reinas

El tiempo en el que me inclino al lado tuyo es tu regalo

y en el que caigo bajo tus riendas

Tu tristeza me permite levantar la tiza de la lluvia

del amanecer

Tu lejana pradera es mi trigo mortal

o tú que reinas

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