Micro-entre-vista a Claudia Pardo Garvizu

 

Pirque, Santiago  / Saint Germain de la Grange, París

 

  1. A. Si durante buena parte del siglo XIX y parte del XX París figura lo universal (de ahí, entre otras expresiones, la de Benjamin: París, capital del siglo XIX), hoy, marchitos sino disueltos los sueños y pesadillas de universalidad y aparentemente entreabiertos caminos a diferencias sin común medida, ¿dirías que París está en La Paz?, ¿dirías que París es un barrio de La Paz? ¿Cuál?

 

  1. P.: Claro, érase una vez… París fue la capital de lo universal, así como érase una vez que La Paz se imaginó ser la capital de la diferencia, de lo particular y lo misterioso. Creo que de algún modo es no esposible que París esté en La Paz. No es posible que esté espacialmente, como un barrio, porque los espacios son imaginados y construidos por la(s) cultura en transformación permanente. Las influencias devienen en caudales violentos hoy en día, estos se van sumando y formando capas que ocultan otras capas, no es posible encontrar dos lugares similares.

 

Sin embargo, París puede asemejarse en La Paz tal vez, si nos desplazamos a otras “espacialidades” podría decir, por ejemplo, que encuentro mucho de La Paz en el carácter de la gente. Esa fuerza o fuero de la impaciencia y del caos, en el silencio de la ciudad (como cuerpo humano) por las noches.

 

A propósito de El Loco, de Arturo Borda, alguna vez escribiste: “Lo que propone la obra es la posibilidad de que el autor sea cualquiera, un alguien que escribe y que no tiene nombre ni apellido”. ¿Y si El Loco fuera La Loca, es decir, una loca cualquiera? No pregunto qué decir de El loco desde una eventual “perspectiva de género”, si tal hubiera, sino, más ampliamente acaso, cómo El Loco le hace algo a la textura patriarcal (ya moderna, ya ancestral)? Por decir: ¿qué hay del filón des-logo-falo-centralista de El loco?

 

A propósito de El Loco entonces, pues como bien dices que digo, el concepto del nombre de “El Loco” va más allá del género, o sea, la idea es proponer un personaje que podría ser cualquiera en el amplio sentido de la palabra.

 

Por otro lado, sé que la pregunta quiere explorar una reflexión que vaya más allá o más acá del tema de género, pero para llegar a mi respuesta final, debo pasar por ahí necesariamente. Creo que en principio es interesante ver y reconocer que la visión que se plantea en la obra sobre la mujer y/o lo femenino no es siempre coherente o unilateral, es más bien una visión en conflicto. Es decir, creo que en El Loco se presentan imágenes femeninas muy potentes y revolucionarias para su época, para la nuestra y la pretérita también por supuesto, como el caso de la chancha, una figura femenina que cuestiona mucho de lo que convencionalmente se entiende por “femenino” dentro de una sociedad patriarcal. Manifestando o exaltando lo “oscuro” de la feminidad, que evidentemente no es una novedad en nuestra tradición. Sin embargo, recuperar esa dimensión de la mujer después del modernismo en la literatura, el conservadurismo de una sociedad católica, una época en la que la mujer no tiene un vínculo legal con las decisiones políticas y estatales, las revueltas pre ’52, etc. es pues no más un gesto provocador o, al menos, no peca de ingenuidad.

 

Por otra parte, también se presenta a una mujer pasiva y objeto de inspiración para el artista en el personaje de Luz de Luna, aquí se percibe una visión más tradicional sobre el vínculo entre la belleza-mujer-arte, pero la imagen no queda ahí, lo interesante es que en cierto punto, cuando el personaje se harta del su proyecto artístico y piensa en la destrucción de la obra, al mismo tiempo también violenta a su musa. En ese sentido, me refiero a dos pasajes, en el primero el personaje mata a su pareja (Luz de Luna) y a su hija (Armonía), [T I: 99-100] ¡¡¡Doble feminicidio!!! El segundo pasaje, se trata de un poema que refiere a la violación de Luz de Luna justamente en manos de un hombre bestia, un loco [T II: 506-507].

 

En todo caso, creo que el tema de las estructuras patriarcales pasa por varios momentos en El Loco, pasa por la mujer, pasa por una postura que cuestiona e imagina una revolución que termine demoliendo las grandes instituciones en las que se sostiene el patriarcado, el Estado y la Iglesia. Los personajes que se rebelan frente al monstruo van a ser justamente El Loco y también por ahí están las “Vírgenes Rojas”, quienes, de paso, llevan en el nombre aquellos sujetos de poder que se pretende destronar. Así y en resumidas cuentas, me parece que lo que le hace El Loco es descolocar esa textura patriarcal con la ambigüedad de los personajes, los mismos que en ese contexto siempre se posicionan desde cierta “marginalidad”. Lo interesante es que, por ejemplo, de esa marginalidad no participa la figura del “indio”, porque lo indígena es lo sagrado o parte de un enclave misterioso, fuera de ese universo carnal.

(Octubre, 2017)

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