Si hay poesía

Como el “no pasarán”, contraseña antifascista por anto-nomasia del siglo XX, “mar para Bolivia” parece hoy un asunto más que gastado, gota a gota, agotado. Como la poesía, sin ir más lejos. Que irrumpe en nuestros tan propios como ajenos pagos (latino- y aun indoamericanos) de la mano de la Conquista. ¿Qué hay, con todo, de tal parecer? Oponer sin más un parece que a alguna eventual verdad esencial (de la poesía, del no pasarán como del mar para Bolivia) no cambia mayormente la cosa, desde que uno y otra hacen sistema, y ello justamente en el sistema “real”, ontoteológico, su fantasmal presencia prepotente, lo que algunos, por economía del conocimiento, llaman “Occidente”.  Pero. Como la poesía y como el no pasarán, mar para Bolivia no fuera un “asunto”, tema, cosa o idea — ni siquiera fuera (algo). Para Bolivia. Para Occidente. Y aun para hoy (Mallarmé: “Mal  informado quien se proclame su contemporáneo…”). Paro histórico, cortocircuitera general, sin vuelta y sin reparo, de todo “estado” soberano, de toda presente soberanía. Con lo cual: si hay mar, si el mar se da, (eso) se da (cada vez también) a Bolivia. Si hay mar en cada llamar (antes que ese “sentimiento oceánico”, germen o fundamento de toda religiosidad, del que habla Freud en el Malestar de la cultura). Si hay poesía.

 

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Esta, una historia: los gobiernos de Chile y de Bolivia firman un Tratado de límites (1874), que incluye el compromiso de someter a arbitraje cualquier desaveniencia futura en la materia. Un buen mal día el gobierno de Chile estima que se está incumpliendo el Tratado (asunto de impuestos más o menos, como muchos años después volvería a ocurrir con el alza unilateral del precio del gas por parte de Argentina) y, lejos de someter el diferendo a un arbitraje, lejos de respetar el Tratado, Chile invade militarmente Bolivia. La derrota por las armas. Se apropia de extensos territorios, incluyendo toda la costa boliviana e inauditas riquezas mineras. A los pocos años el gobierno de Chile le impone otro Tratado a Bolivia (el de 1904), que pretende legitimar lo obrado por las armas, so pena de impedir de manera permanente todo comercio boliviano por los puertos del Pacífico. (A los niños de Chile se les enseña en la escuela que la “Guerra del Pacífico” habrá sido una guerra defensiva de la patria. Y los niños en Chile, cómo no, mayormente se lo creen. En Bolivia los niños entienden que la susodicha habrá sido una guerra ofensiva, un robo a mano armada, aunque entre algunos de ellos aún corra el rumor que los chilenos, en pleno carnaval, se llevaron el mar boliviano en balde). Como si fuera poco: los mismos ejércitos chilenos que invaden el litoral boliviano, y Perú, son enviados luego a terminar de imponer la soberanía estado-nacional chilena en territorio mapuche, al sur del Bío-Bío, desconociendo múltiples Parlamentos (alias Tratados) heredados de la Colonia por la República. Ante la demanda marítima boliviana como ante la demanda territorial mapuche, el gobierno de Chile no se cansa de argumentar: ¡hay que respetar la Ley, hay que respetar los Tratados!; ¿en qué se convertiría el mundo si los Tratados no fueran honrados?

 

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¿Dar vuelta entonces la página, como sugería el dictador (ante los crímenes de lesa humanidad y otras menudencias colaterales)? ¿Antes de leer la “página”, antes de subrayarla, de verla,  de re/escribirla, antes de abrir campo al campo entre tan históricas como fantásticas páginas, de re/inventar pasos e incalculables intertextos por venir? No se apela aquí pues a ninguna Ley, a ningún Tratado (tan tangible como intangible), sino precisamente a un antes de la Ley, a un antes del Tratado: a lo en común aún no legislado, a la inventiva “política” si se quiere, a una poética del encuentro entre más de uno/a — no exenta de posibles desencuentros, de cierto, pues un encuentro asegurado de antemano, un encuentro perfectamente programado, simple maquinación fuera, y para nada decisión (política, responsable, etc.), y muy menos poema. Poema: ni simples “bellas palabras” ni mera operación de arte. Lo por venir. Lo irrenunciable.

 

A. A. y E. V.

 

Mar con Soroche es una iniciativa co-alentada por Lenguandina (Santiago – La Paz), Ed. Pirotecnia (La Paz), El Cielo de las Serpientes (La Paz), e Intemperie (Santiago). Lote editorial: Jorge Campero (La Paz), J. C. R. Quiroga (La Paz), Román Antopolsky (Pittsburgh), Guillermo Daghero (Córdoba), Jussara Salazar (Curitiba), Marcelo Villena (La Paz), Kent Johnson (Illinois), Forrest Gander (Providence), Zacarías Alavi (La Paz), Elvira Hernández (Santiago), Erin Mouré (Montreal), Graciela Huinao (Santiago), Vicky Aillón (La Paz), Emma Villazón (Santa Cruz/Santiago) y Andrés Ajens (Santiago). Los poemas visuales de la portada y contraportada de esta edición son de Felipe Boso (Villarramiel de Campos, 1924 – Meckenheim, 1983), y la autorización para su publicación, junto a los textos que conforman el respectivo dossier (cf. Deshablar), la agradecemos a Antje Reumann, viuda del escritor. Diagramación: Ezio Mosciatti. Email: marconsoroche@gmail.com

One Comment

  1. Kori Yaane Bolivia Carrasco Dorado

    Es una pena que, en pleno siglo XXI, haya personas que no consigan entender la Historia. Que ella siga siendo contada al gusto del interesado y la verdad sea sonegada al pueblo. Bolivia necesita su salida al mar para seguir respirando.

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